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Primera parte: Renunciamos a todo para vivir en una furgoneta camper… y el caos vino de regalo

por Destino Camper

Contenido: Vivir en una furgoneta camper

😯 Antes de vivir en una furgoneta camper: cuando la idea apareció sin avisar

Queríamos vivir en una furgoneta camper a tiempo completo. No por moda, ni por postureo en redes, ni porque Instagram nos hubiera vendido una versión edulcorada de la vanlife. La idea nació de una forma mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más profunda: una sensación constante de que la vida que llevábamos ya no nos encajaba del todo.

Llevábamos años sin ver la televisión. YouTube era nuestra ventana a otras historias, a otras formas de vivir, a gente que parecía haber encontrado un equilibrio diferente. Un día cualquiera, sin buscar nada concreto, apareció un vídeo de un chico camperizando su coche. No era espectacular ni épico, no prometía libertad infinita ni atardeceres perfectos, pero algo se quedó dando vueltas en la cabeza.

Casualmente, ese mismo día empezaban quince días de vacaciones sin ningún plan. Y casi sin pensarlo, más como una broma que como una decisión, le dije a Belén: “¿Y si cargamos el coche con lo que tengamos por casa y nos vamos a recorrer España?”. No había estrategia ni intención oculta. Solo ganas de salir.

La historia no está adornada. Es exactamente así. Cogimos un colchón hinchable de Tomorrowland, un par de almohadas, un camping gas, una batería externa y poco más. Lo metimos todo como pudimos en el maletero y salimos desde Valencia rumbo a Galicia, subiendo después por todo el norte y regresando por Pirineos. Diez días después, algo había cambiado sin que fuéramos del todo conscientes.

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🚗 Diez días viviendo en un coche que lo pusieron todo en duda

Éramos dos adultos, un podenco y un bulldog francés, que curiosamente tenían la capacidad de ocupar más espacio que nosotros mismos. Todo eso dentro de un Mercedes GLC Coupé que, aunque por fuera impone, por dentro se queda corto cuando lo conviertes en casa improvisada.

Dormíamos encogidos, movíamos todos los trastos cada día para poder arrancar, cocinábamos fuera hiciera frío, viento o lloviera, y desmontábamos y montábamos el “campamento” a diario. Apenas podíamos estar de pie y, en algunos momentos, el agobio se hacía notar.

Y aun así, fuimos felices. Muy felices.

No una felicidad de foto bonita ni de historia para redes, sino una sensación real de calma. El cuerpo cansado, sí, pero la cabeza sorprendentemente tranquila. Nos dimos cuenta de que, con muchísimo menos de lo que creíamos necesario, la vida seguía funcionando. Y no solo funcionando, sino haciéndonos sentir bien.

Fue durante ese viaje cuando apareció una pregunta que ya no nos abandonaría: si así éramos capaces de disfrutar, sin espacio y con lo justo, ¿cómo sería vivir en una furgoneta camper de verdad?

No hablábamos de lujo ni de comodidades absurdas. Hablábamos de poder estar de pie, de no montar y desmontar la cama cada día, de tener agua, electricidad y un pequeño espacio propio. Sin darnos cuenta, acabábamos de cruzar un punto del que ya no se vuelve atrás.

📝 Cuando la idea dejó de ser una ocurrencia

Volvimos a casa distintos. No fue algo inmediato ni explosivo, pero la sensación estaba ahí. La vida que llevábamos, con trabajos exigentes, horarios inexistentes y una rutina que no nos dejaba respirar, empezó a chirriar.

No odiábamos nuestra vida, ni mucho menos. Pero ya no encajábamos en ella.

Durante meses, la idea de vivir en una furgoneta camper iba y venía. A ratos parecía una locura irrealizable y, en otros momentos, la única salida lógica. Empezamos a mirar furgonetas “por curiosidad”, luego camperizaciones “solo para informarnos”, y más tarde presupuestos “para hacernos una idea”. Hasta que un día te das cuenta de que ya no estás soñando, estás planificando.

Y planificar es peligroso, porque convierte los sueños en decisiones reales.

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🏡 Lo dejamos todo para vivir en una furgoneta camper (y no fue impulsivo)

La decisión no fue rápida ni tomada a la ligera. Fueron casi tres años de darle vueltas, de hablarlo, de discutirlo y de ponerlo todo en duda. Pero cuando lo tuvimos claro, no hubo medias tintas.

Pusimos a la venta nuestra casa, casi recién comprada. Vendimos el coche, muebles, objetos y muchas cosas que durante años habían formado parte de nuestra vida. Lo que no se vendió acabó en un trastero. Redujimos todo a lo esencial.

Desde fuera, mucha gente pensó que estábamos locos. Escuchamos frases como “con todo lo que tenéis” más veces de las que podemos contar. Pero precisamente ese era el problema: teníamos demasiadas cosas y muy poco de lo que realmente necesitábamos.

No queríamos más dinero, ni más posesiones, ni una seguridad que sentíamos cada vez más frágil. Queríamos vivir de otra manera, aunque no supiéramos exactamente cómo.

Renunciamos a una vida que, sobre el papel, era perfecta. Y lo hicimos sin un plan B claro. Porque cuando decides vivir en una furgoneta camper, no hay red de seguridad. O confías en la decisión, o el miedo acaba ganando.

🔍 La furgoneta, la ilusión… y el primer gran error

Encontrar la furgoneta fue una de las partes más emocionantes del proceso. Elegir camperizador, en cambio, parecía sencillo al principio y terminó siendo el origen de muchos problemas.

Nos ilusionamos, confiamos y escuchamos promesas, plazos y soluciones que sonaban perfectas. Lo que debía ser un proceso lógico y ordenado se fue torciendo sin que lo viéramos venir.

Lo que tenía que durar cuatro meses se alargó catorce. Lo que debía ser funcional terminó lleno de errores. Pero esa parte de la historia merece su propio espacio.

Lo importante aquí es esto: nos subimos a vivir en una furgoneta camper sin haberla probado antes. Y cuando ya has vendido tu casa y has dejado tu vida atrás, eso no es una anécdota. Es un punto crítico.

🧠 El sueño intacto justo antes del choque con la realidad

En ese momento, la idea de vivir en una furgoneta camper seguía siendo ilusionante. Había miedo, claro, pero también muchas ganas. No sabíamos que la camperización iba a fallar ni que empezaríamos esta nueva etapa resolviendo problemas en lugar de disfrutarla.

Aun así, incluso con todo por venir, había algo muy claro: no queríamos volver atrás. La decisión estaba tomada y el sueño seguía intacto.

Aquí termina la primera parte de esta historia, justo en el punto en el que todo parecía encajar… antes de que la realidad empezara a apretar de verdad.

problemas con la camper
🔧 La camperización: cuando confiar se convierte en un riesgo

Elegir al camperizador fue, en aquel momento, una decisión que tomamos con ilusión y cierta ingenuidad. Veníamos de vender nuestra casa, de reducir nuestra vida a lo esencial y de apostar fuerte por una idea que nos daba vértigo, pero también muchísimas ganas. Necesitábamos creer que alguien al otro lado iba a acompañarnos en ese proceso con la misma seriedad con la que nosotros lo estábamos viviendo.

El primer contacto fue prometedor. Escuchaba, asentía, parecía entender exactamente qué necesitábamos para vivir en una furgoneta camper a tiempo completo. Nos habló de plazos razonables, de soluciones prácticas y de una camper pensada para durar. Mirándolo ahora con perspectiva, fue fácil dejarse llevar por las palabras cuando lo que queríamos era avanzar.

Lo que se suponía que iba a ser un proceso de unos cuatro meses empezó a alargarse sin una explicación clara. Primero pequeños retrasos, luego excusas, después silencios. Cada llamada se convertía en una mezcla de paciencia forzada y preocupación creciente, pero seguíamos confiando. Pensábamos que era normal, que estas cosas pasan, que estábamos exagerando.

No lo estábamos.

⏳ Catorce meses después: el tiempo también pesa

Catorce meses es mucho tiempo cuando has puesto tu vida en pausa. Durante ese periodo, nuestra decisión de vivir en una furgoneta camper seguía adelante sobre el papel, pero en la práctica estaba bloqueada. No podíamos planificar, no podíamos cerrar etapas y no podíamos empezar la vida que habíamos decidido tener.

La presión aumentó cuando se acercaba la fecha de entrega de nuestra casa. No había margen para retrasos. No había un plan alternativo. La furgoneta tenía que estar lista, pasara lo que pasara.

Nos la entregaron con prisas, justo un mes antes de dejar definitivamente nuestra vivienda. No hubo tiempo para revisar nada con calma, ni para probar sistemas, ni para detectar errores. Simplemente cargamos nuestras pocas pertenencias y nos subimos a una furgoneta que, en teoría, iba a ser nuestro nuevo hogar.

En la práctica, era un cúmulo de problemas esperando a salir.

💥 Vivir en una furgoneta camper sin probarla: el inicio del caos

Los fallos no tardaron en aparecer. Pequeños al principio, lo suficientemente molestos como para incomodar, pero no tanto como para hacernos parar. Fugas de agua, problemas eléctricos, cortes de luz inesperados, instalaciones de gas que no daban ninguna tranquilidad.

Cuando decides vivir en una furgoneta camper, todo depende de que los sistemas funcionen. No hay margen para errores, porque no hay una casa a la que volver. Cada fallo se siente el doble y cada problema se magnifica.

Empezamos a vivir con una mezcla constante de incertidumbre y resignación. Aprendimos a convivir con los fallos mientras intentábamos mantener la ilusión intacta. No queríamos aceptar que el sueño se estaba torciendo.

Pero lo estaba.

📆 Vacaciones perdidas y planes aplazados

Uno de los golpes más duros fue darnos cuenta de todo lo que estábamos dejando pasar. Teníamos previsto alquilar la furgoneta durante el verano de 2023 para ayudarnos a cubrir parte de los gastos y empezar esta nueva etapa con algo más de margen económico.

No fue posible. La furgoneta no estaba en condiciones. Perdimos cinco periodos de vacaciones planeadas, momentos que habíamos imaginado como el inicio bonito de nuestra nueva vida y que acabaron convertidos en frustración.

La sensación era amarga. Habíamos apostado todo a una carta y esa carta parecía estar fallando antes siquiera de empezar la partida.

😓 El desgaste emocional de empezar así

Más allá de los problemas técnicos, lo que realmente pesa cuando decides vivir en una furgoneta camper y las cosas salen mal es el desgaste emocional. Lloramos, discutimos y dudamos. Hubo momentos en los que nos preguntamos si habíamos cometido el mayor error de nuestra vida.

El espacio reducido amplifica todo. No hay escapatoria. No hay una habitación a la que ir a despejarte ni un sofá en el que desconectar. Todo se vive más intenso, para bien y para mal.

Aun así, también hubo risas. Risas nerviosas, a veces absurdas, pero necesarias. Porque si no te ríes, explotas. Empezamos a improvisar soluciones, a parchear problemas y a desarrollar una paciencia que no sabíamos que teníamos.

🧩 Cuando aparece alguien que te devuelve un poco de calma

En medio de todo ese caos apareció Xavi. Un profesional de verdad. Alguien que no prometía milagros, pero que hablaba claro, revisaba con criterio y, sobre todo, entendía que no estábamos hablando solo de una furgoneta, sino de nuestra casa.

Gracias a él empezamos a ver la luz. No porque todo se solucionara de golpe, sino porque por primera vez alguien nos explicaba qué pasaba, por qué pasaba y cómo se podía arreglar.

Mientras tanto, el proceso legal contra el camperizador original seguía su curso. Viajes constantes desde Portugal a Valencia, papeleo, peritajes y una sensación continua de estar defendiendo algo que nunca debería haber llegado a ese punto.

🛠️ Aprender a vivir mientras arreglas tu propia casa con ruedas

La realidad es que empezamos a vivir en una furgoneta camper mientras la furgoneta todavía no estaba lista. Aprendimos a convivir con reparaciones, ajustes y soluciones temporales. Cada mejora, por pequeña que fuera, se celebraba como una victoria.

No era la vida que habíamos imaginado al principio, pero era la que teníamos. Y poco a poco, entre errores y aprendizajes, fuimos ganando confianza.

Esta segunda parte de la historia no va de victimismo. Va de realidad. De entender que la vanlife real no siempre empieza con atardeceres perfectos, sino muchas veces con problemas que te obligan a crecer más rápido de lo que esperabas.

Y todavía quedaba lo más importante por aprender.

fuga en carretera pasando por taller
💪 La resiliencia obligatoria cuando decides vivir en una furgoneta camper

Hay un punto, cuando decides vivir en una furgoneta camper, en el que entiendes que la resiliencia deja de ser una palabra bonita y se convierte en una herramienta de supervivencia. No es algo que planees ni que entrenes antes de empezar; aparece porque no te queda otra.

Después de los primeros meses de problemas, de viajes constantes para arreglar chapuzas y de convivir con una casa que no terminaba de funcionar, empezamos a cambiar el enfoque. No porque todo estuviera solucionado, sino porque seguir enfadados no nos estaba llevando a ningún sitio.

Aprendimos a bajar el ritmo, a aceptar que no todo iba a salir bien a la primera y a entender que esta forma de vida exige una capacidad de adaptación mucho mayor que la vida convencional. No era resignación, era aprendizaje.

😅 Lo que más dolió… y lo que, con el tiempo, nos hizo reír

Si tenemos que señalar lo que más dolió, sin duda fue la confianza mal depositada. Creer en alguien que no estuvo a la altura cuando más lo necesitábamos dejó una huella profunda. Dormir las primeras noches sin saber si todo iba a funcionar correctamente, si habría agua caliente o si saltaría algo durante la madrugada, no es una experiencia que se olvide fácilmente.

Pero con el paso del tiempo, incluso esos momentos empezaron a transformarse en anécdotas. Duchas heladas que ahora recordamos entre risas, armarios que se abrían solos en plena curva o soluciones improvisadas que, contra todo pronóstico, funcionaban.

La ironía fue convirtiéndose en una aliada. Reírnos de lo que no podíamos cambiar nos ayudó a seguir adelante cuando la alternativa era quedarnos anclados en la frustración.

🧠 Todo lo que aprendimos viviendo en una furgoneta camper (para no repetir errores)

La experiencia nos enseñó lecciones que no aparecen en los vídeos idílicos de redes sociales. Aprendimos que investigar bien al camperizador no es opcional, que los seguidores no garantizan profesionalidad y que hablar con antiguos clientes reales puede ahorrarte muchos disgustos.

Entendimos también la importancia de visitar talleres, de exigir planos o diseños técnicos claros y de dejar por escrito plazos realistas. Y, sobre todo, aprendimos que definir bien el uso de la furgoneta —escapadas de fin de semana o vivir en una furgoneta camper a tiempo completo— lo cambia absolutamente todo.

Cuando algo falla, no hay que mirar hacia otro lado. Peritajes, asesoramiento profesional y, si hace falta, acciones legales. No por venganza, sino por responsabilidad.

🚐 Nuestra vida ahora: menos ideal, más real

Hoy seguimos en ruta. Más tranquilos, más preparados y con mucha más experiencia. La furgoneta no es perfecta y probablemente nunca lo será, pero ya no nos pilla desprevenidos.

Seguimos arreglando cosas, mejorando otras y adaptándonos cada día. Vivir así te obliga a estar presente, a entender tu casa y a responsabilizarte de ella. No hay intermediarios ni servicios de mantenimiento que vengan a solucionarlo todo.

Y aun así, la sensación de libertad, de decidir dónde amaneces y de sentir que tu vida pesa menos, compensa muchos de los inconvenientes.

🌀 ¿Volveríamos a elegir vivir en una furgoneta camper?

La respuesta es sencilla: sí. Con todo lo vivido, con los errores y con los aprendizajes, volveríamos a elegirlo.

No porque sea fácil, ni porque sea una vida perfecta, sino porque es una vida coherente con lo que somos ahora. Vivir en una furgoneta camper nos ha dado perspectiva, nos ha obligado a simplificar y nos ha enseñado a valorar cosas que antes dábamos por sentadas.

No es una vida mejor que otra, es una vida distinta. Y no es para todo el mundo.

💬 Si estás pensando en dar el paso

Si tú también estás planteándote vivir en una furgoneta camper, hazlo con los ojos abiertos. Infórmate, rodéate de personas reales, escucha experiencias que no siempre son bonitas y prepárate para improvisar más de lo que imaginas.

No esperes el momento perfecto, porque no existe. Empieza cuando estés preparado para adaptarte, no cuando creas que todo va a salir bien.

Bienvenido al lado real de la vanlife.

❓ Preguntas frecuentes sobre vivir en una furgoneta camper

¿Es legal vivir en una furgoneta camper en España?

Sí, es legal vivir en una furgoneta camper en España, pero con matices importantes. No es lo mismo pernoctar que acampar, y ahí es donde suele estar el conflicto. Mientras no despliegues elementos exteriores, no generes residuos y estés correctamente estacionado, dormir en la furgoneta entra dentro de la legalidad. El problema suele venir por normativas municipales concretas, por eso es clave informarse bien de cada zona y no fiarse solo de lo que se lee en redes.

¿Cuánto dinero hace falta para vivir en una furgoneta camper?

No hay una cifra única, porque depende muchísimo del tipo de furgoneta, la camperización y tu estilo de vida. Lo que sí podemos decir por experiencia es que vivir en una furgoneta camper no siempre es barato, sobre todo al principio. Entre vehículo, camperización, seguros, mantenimiento y posibles errores, la inversión inicial puede ser alta. A largo plazo puedes reducir gastos, pero no es una vida “gratis”.

¿Es tan idílico como se ve en redes sociales la vanlife?

No. Y decir lo contrario sería mentir. Hay momentos increíbles, paisajes espectaculares y una sensación de libertad real, pero también hay averías, días malos, frío, calor y cansancio. Vivir en una furgoneta camper tiene partes muy bonitas y otras bastante duras. La clave está en aceptar el pack completo y no quedarse solo con la parte bonita.

¿Qué es lo más importante al empezar a vivir en una furgoneta camper?

Lo más importante es tener claro el uso real que le vas a dar. No es lo mismo una furgoneta para escapadas que para vivir en ella a tiempo completo. A partir de ahí, elegir bien al camperizador, probar la furgoneta antes de mudarte y no romantizar los problemas es fundamental. Muchos errores se cometen por ir demasiado rápido o por confiar sin contrastar.

¿Se puede vivir en una furgoneta camper en pareja?

Sí, se puede, pero no es fácil. El espacio reducido amplifica todo: lo bueno y lo malo. La comunicación, el respeto por los tiempos del otro y saber gestionar los momentos de agobio son claves. Vivir en una furgoneta camper en pareja puede unir mucho, pero también poner a prueba la relación.

¿Recomendaríais vivir en una furgoneta camper?

La recomendamos solo si sabes dónde te metes. No es una vida mejor ni peor que otra, es distinta. Aporta libertad y perspectiva, pero también exige adaptación constante. Si buscas estabilidad absoluta y cero imprevistos, probablemente no sea para ti. Si aceptas la incertidumbre como parte del camino, vivir en una furgoneta camper puede ser una experiencia muy transformadora.

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