Lo que nadie quiere admitir en voz alta
Últimamente estamos viendo cómo los grandes referentes de la van life dejan su furgo, la venden y empiezan con un tipo de vida «normal». ¿Recordáis? Ese tipo de vida que no querían para ellos. La carrera de la rata, el trabajo de toda la vida, la rutina aplastante. Y sin embargo, ahí están. De vuelta. No es una critica, sigue leyendo y lo entenderás.
Hoy os lo contamos. Desde nuestro caso. Porque nosotros también hemos dejado la van life. Temporalmente. Y tenemos mucho que decir al respecto. Y no. Parar, coger aire y decidir seguir o no, no te hace menos vanlifer, que ya conocemos demasiados cuelga medallitas.
Por qué lo dejamos todo — y por qué no nos arrepentimos
Nosotros decidimos vender absolutamente todo porque no podíamos más. El nivel de estrés, la sensación de no estar viviendo de verdad, el repetir día tras día los mismos movimientos. Era como aquella película «Atrapado en el tiempo» — continuamente en el día de la marmota, sin salida aparente.
Tras el COVID, el accidente de mi madre y la saturación extrema de 21 años repitiendo la misma rutina, teníamos que parar. Romper con todo. Desde 2020 soñábamos con vivir viajando, despertar cada día en un sitio nuevo, conocer el mundo, disfrutarlo. Pero siempre tuvimos los pies en la tierra. Sabíamos que las cosas podían ir mal — una mala camperización, problemas mecánicos, imprevistos de todo tipo — y aun así estábamos seguros de que nos compensaría.

Pero eso mismo, todo ese caos, nos ayudó también. Nos dio buena gente, aunque no siempre. Aprendimos a dejarnos llevar, a ser felices a pesar de las circunstancias. Y sobre todo nos sirvió para darnos cuenta de algo fundamental: pase lo que pase, no queremos volver al tipo de vida que llevábamos antes.
La casa que siempre quisimos
Algo que siempre hemos tenido claro, mucho antes de todo esto, era que algún día compraríamos una casita en el campo para retirarnos tranquilos. Al vender la casa, transformamos esa idea: si encontrábamos algo así, sería nuestra base a la que regresar entre viajes.
Casi dos años de van life más cinco antes de iniciarla, un total de 7 años hemos tardado en dar con la casa que cumplía con todo lo que buscábamos. Una casa aislada, con suficientes habitaciones, terreno para cultivar, privacidad. En definitiva, un lugar donde estar tranquilos y felices alejado del bullicio.
Ahora la tenemos.
El cerebro nos pide, para su satisfacción, ciertas comodidades rutinarias que le resultan fáciles de ejecutar. Y eso en la van life es lo último que vas a encontrar. Cada día un lugar diferente, rutinas diferentes, no vas al supermercado de siempre, no ves las mismas caras. Ojo — eso para nosotros siempre ha sido un beneficio. Pero no para siempre. ¿Recordáis la frase? Lo poco gusta y lo mucho cansa.
Eso, ligado a que conforme pasan los años tu percepción de la vida va cambiando, hace que esa vida nómada inicial de locura extrema y libertad absoluta ya no lo sea tanto. Las personas cambiamos con el paso del tiempo. Y yo creo que eso es exactamente lo que está pasando.
El boom que se acaba — y lo que queda después
El que no ha iniciado un negocio relacionado con el turismo para cada pocos meses y luego lo retoma. El que antes era tu canal favorito de YouTube deja de publicar esa vida idílica que parecía que nunca acabaría. Y por supuesto llega el fin de una moda pasajera.
Sí. Una moda pasajera. Si no hubiese habido una moda, no lo hubiésemos conocido, así que… sí. Una moda.
Durante unos años ha habido un boom brutal en torno a la van life. En ese boom ha ido yendo y viniendo gente, como es normal. Pero también es cierto que ha dejado de ser tan rentable. Solo unos pocos están hoy dedicándose íntegramente a ello y ganándose la vida. Eso hace que mucha gente que creía haber encontrado la gallina de los huevos de oro se vaya desplazando hacia un nuevo rumbo.
Si crees que vas a ganarte la vida sólo por mostrar unos pocos reels, y vídeos en youtube… tengo que decirte algo, es muy difícil y requiere muchísimo más de lo que puedas creer. Ejemplos como Vivir en ruta… que podrías llegar a pensar, wow pues yo también puedo hacer esto… Sí, ¿Pero estás dispuesto a hacer todo lo que hay detrás y el compromiso que ello conlleva? Mi consejo: Si estás dispuesto a ello, empieza muchísimo antes de vivir en furgoneta, si lo que quieres es mantener este estilo de vida con redes sociales.
La realidad que nadie te cuenta antes de lanzarte:
No es lo mismo vivirlo en tus propias carnes que vivirlo a través de una pantalla viendo solo el lado positivo.

Nosotros vendimos todo — y lo volveríamos a hacer
Nosotros vendimos todo porque necesitábamos resetear. Lo hicimos sabiendo que además, deberíamos comprar una casa (nuestra base) aunque fuese para descansar entre viajes — y para que Hacienda no nos diese un buen palo por haber vendido la anterior. Sabíamos la temporalidad de esto desde el principio.
Pero también es cierto que, a pesar de todo lo vivido con la camperización, la van life es algo que nunca vamos a dejar del todo.
Ha sido nuestro mayor descubrimiento. Y ya sean viajes de 15 días, viajes de meses o simplemente escapadas de fin de semana — siempre que podamos vamos a elegir este estilo de vida. No como una obligación o una identidad que defender, tan sólo porque nos hace bien. Y porque lo hemos elegido cuando podíamos elegir cualquier otra cosa.
Recapitular, respirar y volver a tomar las riendas
Ahora toca parar. Respirar. Y volver a tomar las riendas de nuestra vida para saber por dónde queremos tirar.
Han pasado ya dos años de excedencia. Me quedan tres. Y todavía no he decidido si continuaré en ese trabajo o si finalmente lo dejaré. No tengo prisa por decidirlo. Lo que sí tengo claro es que no voy a tomar esa decisión desde el miedo ni desde la presión de lo que se supone que debería hacer.
Entonces, ¿por qué todo el mundo abandona la van life?
Porque no es para todo el mundo y la gente cambia. Esa es la respuesta más honesta que podemos dar.
La realidad es que solo vemos lo bonito que nos quieren mostrar de este estilo de vida y te quedas con eso. Te tiras de cabeza y te llevas la hostia de tu vida porque no contabas con las averías, con los fallos de camperización, con los problemas de aparcamiento, con los posibles accidentes, con el coste elevado de desgaste del vehículo y con la bendita gasolina.
No es lo mismo vivirlo en tus propias carnes que vivirlo a través de una pantalla viendo únicamente el lado positivo.
Tampoco hay que ser un dramas. Solo hace falta ser conscientes de que porque tú vivas la van life tus problemas no desaparecen por arte de magia. Los llevas contigo. Cambia el escenario, no la mochila.
Lo que hace que alguien abandone de verdad
Hay patrones que se repiten. El que empezó por seguir una moda sin convicción real, el que pensaba que monetizar el contenido sería fácil para siempre, el que no calculó bien los costes reales de la vida nómada o el que simplemente, con el tiempo, fue cambiando sus necesidades.
Todos son motivos válidos. Ninguno es un fracaso. Más bien siempre los he considerado como un aprendizaje.
Lo que sí es un problema es cuando alguien abandona sintiéndose culpable por ello, como si cambiar de opinión fuera una traición a algo. La van life no te define. Es una forma de vivir, no una identidad permanente.

Y lo que hace que otros no lo dejen nunca
Haberlo elegido con los ojos abiertos. Saber desde el principio que habrá días de mierda, averías, juicios con camperizadores, inviernos a -10 grados en Bosnia y momentos en los que te preguntas para qué narices lo hiciste.
Y aun así querer seguir. No porque toque, sino porque cuando todo se calma y aparecas en algún sitio que te deja sin palabras, entiendes exactamente por qué lo hiciste.
Nosotros no lo dejamos. Lo pausamos. Hay una diferencia enorme entre las dos cosas.
Preguntas frecuentes sobre la van life
¿Qué es la van life?
La van life es un estilo de vida basado en vivir y viajar en una furgoneta camperizada, ya sea a tiempo completo o de forma temporal. No es solo una forma de viajar — es una decisión de vida que implica renunciar a la residencia fija, simplificar al máximo lo material y ganar libertad de movimiento. En los últimos años ha pasado de ser un movimiento underground a convertirse en una tendencia masiva con millones de seguidores en redes sociales. Lo que no siempre se ve detrás de esas imágenes bonitas es todo lo que implica realmente: averías, costes, incertidumbre y una gestión diaria que requiere mucha más energía de lo que parece.
¿Está en declive la van life?
Depende de cómo se mida. Como tendencia de contenido en redes sociales, sí — el boom de los primeros años ha dado paso a una comunidad más reducida y más real. Muchos creadores que construyeron su audiencia en torno a la van life han dejado las furgonetas o han diversificado hacia otros contenidos. Pero como estilo de vida, la van life no desaparece — se asienta. Queda quien lo hace por convicción real, no por moda o por monetización. Y eso, en el fondo, es exactamente lo que le hacía falta.
¿Cuáles son las desventajas de vivir en una furgoneta?
Las que nadie te cuenta antes de empezar: las averías llegan sin avisar y cuestan dinero real, los fallos de camperización son mucho más comunes de lo que parece, encontrar aparcamiento se convierte en un desgaste diario, el coste de mantenimiento del vehículo se acumula, la gasolina no perdona y la ausencia de rutina estable — que en teoría es un beneficio — puede convertirse en una fuente de estrés sostenido con el tiempo. A eso hay que sumar que los problemas que tenías antes de subirse a la furgo no desaparecen. Cambia el escenario, no la mochila.
¿Vivir en una furgoneta es bueno para la salud mental?
Puede serlo, pero no automáticamente. La van life te saca de una rutina que te estaba aplastando, te obliga a simplificar y te expone a experiencias que amplían la perspectiva. Todo eso puede ser muy positivo para la salud mental. Pero también puede ser muy exigente: la incertidumbre constante, la falta de espacio personal, la gestión de imprevistos y la presión de mantener una imagen en redes mientras intentas que todo funcione son factores de estrés real. Lo que sí hemos comprobado es que vivir en consonancia con lo que quieres — sea en furgoneta o no — siempre es mejor para la salud mental que quedarte en algo que ya no te sirve por miedo a cambiar.
¿Se puede vivir permanentemente en una furgoneta?
Sí, y mucha gente lo hace durante años. Nosotros llevamos casi dos años a tiempo completo y conocemos personas que llevan más de cinco. Pero «permanente» es una palabra que en la van life tiene trampa — las necesidades cambian, el cuerpo pide descanso y el cerebro pide estabilidad en algún punto. Lo que sí es real es que no hay un límite de tiempo establecido. Hay quien lo hace una temporada y hay quien lo convierte en su forma de vida indefinida. Lo importante no es cuánto dura, sino que sea una decisión consciente y no una huida.
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