Tabla de contenidos: Cosas que no volveria a comprar para mi furgoneta camper
Cuando la experiencia supera a las recomendaciones, estas son las cosas que no volvería a comprar para mi furgoneta camper
Si llevas tiempo buceando por blogs de camperización, canales de YouTube o reels de vanlife idílicos, sabrás que todo el mundo tiene su lista de imprescindibles: “lo que tienes que llevar sí o sí en tu furgoneta”, “gadgets que cambiarán tu vida en ruta”, “accesorios sin los que no podrías vivir viajando”.
Spoiler: muchas de esas listas están hechas para venderte cosas.
Y lo decimos sin rodeos, porque nosotros también caímos en ellas. Nos gastamos una buena cantidad de dinero al principio, dejándonos llevar por lo que “todo el mundo” decía que era fundamental tener en una camper. Y lo hicimos con toda la ilusión del mundo. Algunos productos, ojo, sí nos resultaron útiles… pero otros han acabado regalados, devueltos o directamente en la basura.
Porque una cosa es vivir en una furgoneta de vacaciones unos días, y otra muy distinta es vivir a tiempo completo. En la primera semana todo parece útil, pero con los meses empiezas a distinguir muy bien lo esencial de lo innecesario. Y ahí es cuando dices: “¿por qué compramos esto?”
Así que hoy te traemos justo lo que nadie cuenta: cosas que NO volveríamos a comprar para nuestra furgoneta camper. Productos que nos decepcionaron, que no usamos, que se rompieron o que nos complicaron más la vida. Y como no queremos quedarnos solo en la queja, también te contaremos qué alternativas hemos elegido y por qué.
¡Vamos a por las cosas que no volvería a comprar para mi furgoneta camper!
Sartenes con mangos extraíbles: el sueño que se cayó por su propio peso
Lo vimos en varias cuentas de vanlife y nos pareció lo más: sartenes sin mango fijo, con un sistema que te permite apilar varias ollas y sartenes sin que el mango sobresalga. La idea nos encantó porque en la camper cada centímetro cuenta, sobre todo en la cocina.
Así que compramos un juego con dos sartenes y un mango intercambiable. Los primeros días todo bien, hasta que… cocinas con prisa y te das cuenta del fallo: necesitas las dos sartenes a la vez. Una con verduras y otra con algo a la plancha. ¿Y el mango? Solo hay uno. Tocaba andar quitando el mango de una para colocarlo en la otra, con el fuego encendido y los alimentos en marcha. Un estrés que no compensa.
Nos planteamos comprar un segundo mango, pero el sistema no era ninguna maravilla. Con el uso, el anclaje cedía, y el mango bailaba. Nunca nos dio por completo la confianza de sujetar la sartén con una sola mano sin pensar en que algo se iba a caer. Tampoco ayudaba que al poner el mango, las tapas ya no encajaban bien, porque se quedaban levantadas por la inclinación. Resultado: perdíamos calor, se cocinaba peor, y nos cabreábamos más.
Y ojo con lo de fregarlas: al tener piezas desmontables, no eran cómodas de lavar en un fregadero pequeño como el de la camper. Agua que se metía por el mecanismo del mango, partes que no se secaban bien… vamos, lo que parecía práctico se convirtió en una molestia.
Después de varios meses de paciencia (y de miradas de odio silencioso entre sartén y humano), decidimos jubilarlas. Nos compramos unas sartenes de acero inoxidable con mango fijo. Y aunque al principio costó un poco acostumbrarse —sobre todo para evitar que se pegue todo al no ser antiadherente—, fue una de las mejores decisiones. Son resistentes, fáciles de limpiar, y sobre todo, fiables.
Y si te preocupa el espacio, el truco está en cómo las guardas: Nosotros tenemos un organizador para dejarlas en vertical y nos va genial, ponemos la olla, las sartenes y las tapas, sin desperdiciar espacio. Problema resuelto.
La sartén tostadora de pan: hype absoluto… y totalmente inmerecido, una de las cosas que no volvería a comprar para mi furgoneta camper NUNCA!
Este aparato tiene legión de fans. Hay quien dice que no podría vivir sin su tostadora portátil para hornillo. Que hace tostadas “como las de casa” y que es ideal para desayunar con vistas al mar. Pues bien, nosotros caímos de lleno en ese hype.
Compramos una de esas “sartenes tostadoras” con agujeritos y asa plegable. Nada eléctrica, todo muy old school. Y sí, lo vamos a admitir: las tostadas salían crujientes y calentitas. Pero a los dos días descubrimos el drama: ¡no se puede limpiar!
El material del que están hechas se oxida con el agua. No exageramos: con el primer fregado, ya se le notaba óxido en las juntas. Y encima, al tener una base con agujeros, las migas caen entre medias y quedan atrapadas. Por mucho que la sacudas, siempre quedan trozos de pan quemado, migas negras y restos que no salen ni a martillazos. Fregarla con esponja tampoco ayuda porque se engancha con todo.
Intentamos usarla varias veces más, pero entre el óxido, la suciedad acumulada y el olor a quemado constante, la acabamos dejando en un cajón.
¿La alternativa? De nuevo: la sartén de toda la vida. Coges una rebanada de pan, la pones en la sartén caliente sin aceite, la giras cuando veas que se ha dorado… y listo. Menos postureo y más funcionalidad. O en su defecto no comprar la más barata, que suele ser la que recomiendan. Toca rascarse el bolsillo para mejores resultados.
En resumen: si eres muy cafetero con las tostadas, adelante con la sartén normal. Y si buscas una solución eléctrica, hay opciones tipo sandwichera de 12V o 220V con inversor, pero esas ya son otro rollo. Lo que está claro es que esta sartén tostadora es más mito que solución.
Mosquitera lateral fija plegable: estética cara, funcionalidad escasa, nos la han colado
Este es uno de esos productos que compramos al principio por miedo más que por necesidad real. Belén es alérgica a las picaduras de mosquito tigre, así que tener una buena mosquitera era obligatorio. Vimos una en una camper preciosa, quedaba integrada, limpia y parecía muy cómoda de usar. Así que la encargamos sin pensarlo demasiado.
Error.
La primera semana ya nos dimos cuenta de que la cosa no pintaba bien. Para empezar, la mosquitera funciona con una guía que tienes que deslizar manualmente con cuidado. Si la empujas mal, se engancha. Si corres, se atasca. Y si hace viento, olvídate: se mueve, se abre sola, se golpea y corres el riesgo de que se rompa.
Además, no cierra del todo. Aunque tiene una escobilla en el borde para ajustarse al marco de la puerta, siempre quedan huecos por donde entran los mosquitos. ¿Resultado? Tienes una mosquitera de 600 € que se supone que protege… pero no lo hace del todo. Creo que son motivos suficientes para que sea una de las cosas que no volvería a comprar para mi furgoneta camper.
Y luego está el tema limpieza. El polvo y la porquería se acumulan fácilmente, y como está fija, tienes que limpiarla tal como está: con un barreño y cepillo mientras rezas para que no se desgarre. Entre la suciedad del camino, el viento y los mosquitos que se cuelan por los laterales, acabamos más frustrados que protegidos.
Después de vivir con ella casi un año, lo tenemos claro: no la volveríamos a comprar. Nos ha dado más quebraderos de cabeza que soluciones.
¿Nuestra recomendación actual? Ir a lo práctico: mosquiteras sencillas, incluso las que encuentras en Aliexpress, que puedes poner y quitar cuando te convenga. No quedarán tan bonitas en Instagram, pero al menos cumplen su función, y si se rompen, las cambias por otra sin sentir que te han robado medio sueldo.
Ducha exterior con racor de conexión rápida: cuando lo “rápido” es lo primero que falla
Esta fue una de esas cosas que no pedimos, pero que nuestro querido camperizador —sí, el mismo del plato de ducha— instaló por defecto. Una ducha exterior con racor de conexión rápida. Nos lo vendió como algo práctico: conectar el flexo con un clic, y listo. Ideal para ducharse fuera, limpiar cosas, bañar al perro, etc.
Y no vamos a mentir: la idea era buena. Tener una salida de agua fuera es útil para mil situaciones. Pero el problema no era la idea, sino el sistema elegido.
La primera vez que la usamos, conseguimos conectar el flexo, aunque ya costó un poco. A la segunda vez, empezó a gotear. A la tercera, directamente salía agua por todos lados menos por donde tenía que salir. El mecanismo se atascaba, el racor se soltaba, y acabábamos empapados antes de abrir el grifo.
El conector —que se supone era estándar— no encajaba nunca bien. Tuvimos que hacer fuerza, girarlo con cuidado, cruzar los dedos… Hasta que dejamos de usarlo. Se convirtió en un adorno caro pegado a la furgo. Y lo peor es que, en muchos momentos, sí que nos habría venido genial: para enjuagar los pies llenos de arena, limpiar las patas de Dante después del monte, incluso ducharnos en lugares remotos.
Pero ahí estaba: inservible.
Y esto tiene otra capa importante: el sistema estaba empotrado. No podíamos simplemente cambiarlo o poner otra cosa sin desmontar medio módulo de fontanería. Otro ejemplo más de lo que pasa cuando confías ciegamente en quien te camperiza sin saber tú cómo funciona cada parte.
¿Qué haríamos ahora? Apostaríamos por un sistema más simple y robusto: conexiones convencionales o kits de ducha portátiles que se adaptan a cualquier grifo exterior sin fugas ni dramas.
Plato de ducha de PVC: el enemigo silencioso que se raja por donde menos te esperas
Aquí tenemos otra joyita cortesía del profesional que camperizó nuestra furgo: un plato de ducha hecho de PVC. Liviano, barato, fácil de instalar… y poco más.
Durante los primeros meses funcionó, claro. Pero a medio año de uso aparecieron las grietas. Y no en la parte que pisas —que aún tendría sentido—, sino en el borde, cerca del zócalo. Una grieta fina, casi imperceptible al principio, pero que filtraba agua cada vez que nos duchábamos.
Y ojo: en una casa normal, una pequeña grieta se parchea y listo. En una camper, una fuga de agua significa humedad, hongos, olores y posiblemente desmontar todo para arreglarlo. Un drama que no quieres vivir.
Intentamos sellarlo temporalmente con silicona sanitaria mezclada con bicarbonato, un truco que encontramos en foros. Por ahora aguanta, pero sabemos que es una solución de supervivencia. Toca cambiarlo.
¿Lo peor? Que nunca habríamos elegido PVC si hubiéramos tenido más información al principio. Pero claro, confías en el profesional, te dejas asesorar y no piensas que ese plato que parece decente va a romperse solo con duchas diarias.
Y sí, sabemos que para un uso esporádico, de fin de semana, puede servir. Pero cuando vives en la camper, las cosas se usan de verdad. Y ahí el PVC no aguanta.
¿Qué pondríamos ahora? Aún no lo hemos decidido, pero lo tenemos claro: PVC, nunca más. Entre nuestras opciones están los platos de ducha de aluminio, platos de resina con carga mineral, o incluso una solución personalizada si el espacio lo permite. Lo importante es elegir algo que aguante el trote diario sin rajarse a los pocos meses.
Oscurecedores baratos: el enemigo invisible que arruina tus noches (y tus mañanas)
Aquí tenemos otro gran error de novatos: subestimar la importancia de los oscurecedores de cabina.
Pensábamos: “Total, son solo para tapar la luz. Vamos a pillar unos de Aliexpress con ventosas, que valen 15 € y listo.”
Spoiler: eso fue lo más parecido a pegar papel de aluminio con babas en el parabrisas.
Los pusimos la primera noche y ya vimos que no pintaban bien. Se despegaban al rato, dejaban pasar la luz por los bordes, y además no aislaban nada. Ni del frío en invierno ni del calor en verano. Cada mañana nos despertábamos antes de tiempo, con un foco directo de sol en la cara o la furgo convertida en un horno.
La sensación era de estar durmiendo en un coche cualquiera, no en tu casa. Y eso, cuando vives a tiempo completo en una camper, marca la diferencia entre descansar o no.
Después de unas semanas de frustración, decidimos hacer una inversión: oscurecedores de calidad, de doble cara. Por un lado negro (para invierno, atrae el calor) y por el otro reflectante (para verano, rebota los rayos). Con materiales gruesos, buena costura y ventosas que de verdad se pegan.
El cambio fue brutal. Por fin podíamos dormir hasta la hora que queríamos. La furgo no se calentaba tanto por dentro. Y además ganamos en privacidad total.
Y si te preocupa que ocupen mucho espacio: los enrollamos y los guardamos detrás del respaldo de los asientos. No molestan nada.
Consejo para quienes empiezan: no subestimes el poder de un buen descanso. Si solo vas a usar la furgo en vacaciones y dormirás en camping, te valdrá cualquier cosa. Pero si vas a dormir en cualquier sitio, especialmente en ciudad o parkings… la oscuridad, el aislamiento térmico y la privacidad lo son todo.
Vajilla de plástico: ligera, barata… y un error absoluto
Uno de los mayores clichés cuando entras en el mundo camper es el mantra de:
“No uses la vajilla de casa, que pesa mucho y se rompe”.
Y claro, nosotros —como buenos novatos— hicimos caso. Nos fuimos directos a por una vajilla de plástico PP de grado alimentario, de esas que ves por todos lados. Supuestamente resistente, ligera, reutilizable, segura… Vamos, ideal para la furgo.
La compramos por Amazon con toda la ilusión del mundo. Set completo: platos hondos, llanos, vasos, cuencos. Todo en tonos neutros, con esa estética “minimal ecofriendly” que tan bien queda en Instagram.
Pero a las dos semanas ya nos mirábamos entre nosotros diciendo:
“Esto no está funcionando”.
Se rayaban con solo mirarlos
La primera decepción vino con los cuchillos. Cortar un trozo de pollo, un tomate, o incluso pan tostado, dejaba marcas permanentes en los platos. Y no una ni dos. En cuestión de días, estaban llenos de surcos, arañazos, rayajos. Como si los hubiéramos fregado con lija.
Parecían platos de guardería usados durante tres años. La estética minimalista dio paso al estilo “rescatado de la basura”.
Lo peor: el tacto aceitoso imposible de quitar
Pero lo más frustrante fue al cocinar con grasa. Bastaba con poner un chorrito de aceite de oliva o que la comida soltara algo de jugo… y el plato se quedaba pringoso para siempre. Aunque le dieras con Fairy, agua caliente, estropajo suave, milagros varios… esa película aceitosa seguía ahí.
Incluso una vez limpio, lo notabas al tocarlo. Asqueroso.
Probamos todo: vinagre, bicarbonato, dejarlo a remojo. Nada. La grasa se “pegaba” al material y ya no salía nunca.
Y los vasos… sabor a químico en cada sorbo
Intentamos usar los vasos para todo: agua, refrescos, zumo… Pero con el tiempo, empezaron a dejar sabor. Un regusto raro, como plástico viejo mezclado con cloro.
Probamos a dejarlos al sol, a hervirlos con agua y vinagre, incluso a usarlos solo para líquidos fríos. Nada. Cada vez que dábamos un trago, nos preguntábamos si estábamos bebiendo cola o microplásticos.
Ahí fue cuando decidimos mandarlo todo a paseo.
Nuestra solución: volver a lo clásico, con cabeza
Cogimos un día y dijimos: “Basta. Esto no sirve.” Fuimos a un bazar y compramos vasos de cristal templado. De esos de toda la vida. No pesan tanto como parece, son fáciles de lavar, y el sabor es neutro —como debería ser siempre.
Luego empezamos a buscar una vajilla de cerámica o loza resistente, y aunque aún no la tenemos completa, el plan está claro:
- Usar platos de verdad.
- Colocar un trozo de fieltro entre cada uno para que no se rayen.
- Guardarlos bien ajustados para que no se muevan en ruta.
Y ya está. Fin del problema.
Sí, pesan un poco más. Pero cuando vives en la furgo, haces vida normal. Comes, cenas, cocinas cada día. Y necesitas sentir que estás comiendo en condiciones, no en un picnic cutre de festival.
Además, nunca se nos ha roto ninguno. Porque si lo colocas bien, no hay drama. Ni temblores, ni ruidos, ni trozos de vajilla volando en cada curva.
Reflexión final: de novatos a realistas (a hostias, como debe ser)
Todo lo que te hemos contado en este artículo lo hemos vivido en primera persona. No son productos que hemos visto por ahí y que suponemos que no van bien. Son compras que hicimos nosotros, con toda la ilusión, y que nos han acabado decepcionando por completo.
Y lo decimos sin tapujos: no todo lo que se recomienda en internet es útil. Hay muchas listas que nacen de enlaces de afiliado, postureo o directamente de repetir lo que dice otro sin haberlo probado. Y eso hace que muchos novatos —como fuimos nosotros— acaben gastando dinero en cosas que luego estorban más que ayudan.
Cada vida camper es un mundo
Lo que para ti puede ser un imprescindible, para nosotros fue una decepción. Y viceversa. Por eso, más que darte una lista cerrada de “no compres esto”, lo que queremos es invitarte a reflexionar antes de comprar.
Piensa:
- ¿Lo vas a usar de verdad en tu día a día?
- ¿Puedes improvisar esa función con algo que ya tienes?
- ¿Lo estás comprando porque te lo vendieron bien… o porque lo necesitas?
En nuestro caso, todo lo que has leído fueron errores de confianza: en lo que leíamos, en lo que recomendaban, o directamente en las elecciones del camperizador.
Hoy, un año después de vivir en ruta, sabemos que menos es más. Y que hay productos que, por muy bonitos que sean, no hacen tu vida más fácil.
Y tú, ¿qué has comprado y te has arrepentido?
Nos encantaría saberlo. ¿Tienes algún cacharro que te vendieron como la octava maravilla y ahora no puedes ver ni en pintura? ¿Qué producto fue tu mayor decepción camper?
Déjalo en comentarios, que entre todos podemos ahorrarnos unos cuantos disgustos… y unos cuantos euros.
Si quieres mas consejos camper, pasate por el enlace!
❓ Preguntas frecuentes de cosas que no volvería a comprar para mi furgoneta camper
¿Vale la pena comprar sartenes con mango extraíble para una camper?
Depende de tu uso. En teoría ahorran espacio, pero en la práctica pueden resultar poco estables, incómodas de usar si necesitas varias a la vez, y complicadas de limpiar. Nosotros no las recomendamos para uso diario en camper.
¿Qué alternativas existen a la sartén tostadora para hacer pan crujiente?
Una sartén normal es más que suficiente para tostar pan en ruta. Si quieres algo más específico, puedes buscar tostadoras eléctricas de 12V o 220V si tienes inversor, pero ocupan más espacio y consumen energía.
¿La mosquitera fija lateral es útil en campers?
Puede ser estética, pero en nuestra experiencia fue cara, poco funcional y difícil de mantener limpia. No cierra bien, es frágil con el viento y su limpieza es laboriosa. Recomendamos alternativas sencillas, más baratas y reemplazables.
¿Qué sistema de ducha exterior es mejor para una furgoneta camper?
Evita racores de conexión rápida si no los has probado antes. Lo ideal son grifos extraíbles o duchas portátiles con bomba 12V. Simples, funcionales y sin instalaciones complicadas ni puntos de fuga.
¿Qué plato de ducha conviene más en una camper?
Evita el PVC para uso diario. Es mejor invertir en un plato de aluminio o resina con carga mineral, aunque aún no hayamos decidido cuál será el nuestro. Lo importante es que soporte el uso intensivo sin agrietarse.
¿Por qué no recomendamos la vajilla de plástico reutilizable?
Se raya fácilmente, retiene grasa incluso tras lavarla y los vasos acaban dando sabor a químico. Preferimos vajilla de cerámica o cristal, bien protegida, porque ofrece una experiencia más higiénica y duradera.